Corazón Salto

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domingo, 25 de julio de 2010

Las FARV


Hay una vieja tradición de desprecio por la política en la literatura, el cine o el teatro de orientación cómica o tragicómica. Y en efecto a menudo hay cosas, episodios y personajes de la política que, casi siempre sin quererlo, nos hacen reír a carcajadas.

También es cierto que la mejor forma de sobrellevar la seriedad de ciertas situaciones, la tensión que genera la gravedad de algunas circunstancias, es reírse de ellas. De manera que no me sorprendo cuando la política me hace reír, o cuando me río de la política.

Lo verdaderamente extraño es cuando la política se torna surrealista y, por ejemplo, un vicepresidente de Estados Unidos recibe el Nobel de la Paz, o el Fondo Monetario le indica al gobierno de Grecia cómo salir de la crisis. Es como si, de repente, dejáramos la sátira y entrásemos en el teatro del absurdo, abandonásemos a Jonathan Swift para inmergirnos en Eugène Ionesco, o pasásemos de Charles Chaplin a Samuel Beckett. Confieso que esto no deja de sorprenderme, ya que por muy ridículas o divertidas que puedan ser las circunstancias políticas, me he acostumbrado a entenderlas y a encontrar racionalidad en ellas.

Pero lo que hemos presenciado esta semana termina de sentar, sin lugar a dudas, un precedente absoluto en materia de absurdo. Y digo termina de sentar, porque tengo la convicción que hace ya un tiempito que a la oligarquía colombiana, a la clase dominante de Colombia, se le voló el tornillo que une al cerebro con la médula espinal, con lo cual se ha sumido en un delirio permanente y sin retorno.

Esta locura merecería ser documentada, en vista de que no hay loco más peligroso que el que pretende no estarlo, y nosotros al loco en cuestión lo tenemos a la vuelta de la esquina.

El primer y más patente ejemplo de todo esto es la famosa campaña publicitaria lanzada por el gobierno de Colombia en las cadenas internacionales de noticias, en la cual una holandesa y un italiano aventureros nos dicen que encontraron en Colombia un oasis de paz y armonía, donde el único peligro al que se expone quien desee imitarlos es “que se quiera quedar”. La verdad es que la primera vez que vi una cuña de esta serie, no pude retener una carcajada nerviosa de esas que provoca la pena ajena, nada más de pensar que alguien hubiera osado decir una mentira tan descomunal.

Mi segundo encuentro cercano con el desequilibrio químico de la intelligentsia colombiana lo tuve hace pocos días, cuando leí un artículo que pretendía hacerme creer que Colombia era la primera potencia económica de Suramérica después de Brasil (por lo menos…), y que se perfilaba (en serio) como el líder energético en ascenso de la región. Todo ello coincidía con la asistencia anunciada de Uribe a la Cumbre del G8 en Toronto y la organización del capítulo latino del Foro Económico Mundial en Cartagena (ciudad con calles de tierra en sus enormes barrios populares), generando una suerte de discurso primer mundista alrededor de la Colombia uribista.

En realidad, poco importa que todos los indicadores, en particular el del IDH, coloquen a Colombia en materia de bienestar general por debajo de la media latinoamericana y caribeña. Tampoco importa que el principal aeropuerto internacional de esta potencia en devenir parezca un terminal de autobuses de los años 70, ni que sus reservas de petróleo sean exiguas, o que haga falta más de 10 horas para recorrer por tierra 400 km en razón de una red de carreteras decimonónica. Nada de eso importa en el reino insondable de la loquera.

Pero como una vez que se salta la talanquera que separa al mundo de Descartes de la esquizofrenia, el tamaño del delirio es lo de menos, ahora resulta que Colombia es un país pacífico e inocente que vive asediado por vecinos que lo “maltratan”, como gustan decir tan cachacamente los gobernantes colombianos. Así, el principal problema de Colombia no es su miseria, su droga, sus guerrillas, sus paramilitares, su ejército asesino, su gobierno fascista, sus bases militares gringas, su clase política de otro siglo, su desinversión social, su sumisión a las transnacionales, sus “falsos positivos”, sus congresistas esclavos de los narcos, su izquierda cobarde. No. Su principal problema es Venezuela.

Porque para estas mentes enfermas, en Colombia no hay una guerra civil vieja de 62 años, sino grupos “narcoterroristas” que atentan desde “países vecinos” contra el “modo de vida” de los colombianos, que ellos juran extraordinario, a pesar de que millones de sus compatriotas hayan huido hacia Venezuela, por no hablar de los que han emigrado hacia otras latitudes. Estos desquiciados juran y gritan a cuatro vientos que en Colombia hay algo así como un problema de Primer Mundo, de España contra ETA, o de Occidente contra el “extremismo islámico”; que hay una democracia ejemplar, occidental, de gente decente, asediada por regímenes mulatos y autoritarios, que solo sueñan con subvertir este enclave de Europa en el trópico. El mundo civilizado debe venir al rescate de Colombia, a salvarla de la amenaza que pone en peligro su agenda de TLC’s con Singapur o Suecia. Nada diferente dijo hace poco el diseñador de esta locura de marketing, el canciller Jaime Bermúdez, señalando de exitosa la diplomacia de su gobierno, a pesar de que termine el período enfrentado con sus dos principales vecinos, habiendo perdido su principal mercado de exportación, el venezolano, y sin perspectiva clara de un TLC con Estados Unidos.

Este invento de la culpabilidad venezolana en la guerra interna de Colombia es pues, un escalón más en el indetenible descenso de la godarria cachaca hacia la locura absoluta, a donde la lleva la contradicción entre sus deseos grandiosos y su triste realidad.

No nos sorprenda que algún día salga Uribe, el Barón de Narquiño, o algunos de sus secuaces, a decir que gracias a la “seguridad democrática” han logrado reducir al mínimo las incursiones de las FARV desde Venezuela hacia Colombia. Están locos, les digo…

domingo, 18 de julio de 2010

¿Qué debe hacer Venezuela en la OEA el jueves?

A solicitud de Álvaro Uribe, la OEA convoca el próximo jueves 22 de julio a una Sesión Extraordinaria del Consejo Permanente para tratar el tema, de la “presencia de grupos narcoterroristas en territorio venezolano que afectan la seguridad nacional de Colombia”.

¿Cuál debería ser la posición del gobierno venezolano?

A continuación, una lista no exhaustiva de posibilidades, a la espera de sus sugerencias y comentarios:

1. Mandarlos a la mismísima: No asistir. Dejar la silla vacía, porque no vale la pena discutir otra vez esta estupidez inventada por los laboratorios de guerra psicológica de la CIA.

2. Con la verdad ni ofendo ni temo: Ocupar la silla completa. Llevar al Canciller Nicolás Maduro para que le diga a Jaime Bermúdez que un gobierno de un país en guerra, cuyos jerarcas tienen nexos con los paramilitares y que sirve de base militar avanzada a los gringos en Suramérica, no tiene moral para acusar a Venezuela de nada.

3. Amor con amor se paga: Recordarle a Uribe de donde viene, y lo mal ubicado que está para hablar de lucha contra el “narcoterrorismo”. Llevar la copia del documento desclasificado de la DIA (Agencia de Inteligencia de Defensa) de los Estados Unidos, que colocaba en el número 83 de la lista de políticos colombianos vinculados al narcotráfico de 1991, al Senador Álvaro Uribe, por su cercana amistad con Pablo Escobar Gaviria.

4. Crítica constructiva: Recordarle a Colombia y a los países del continente, que Venezuela tiene una frontera de más de 2000 km con un país en guerra desde hace 62 años, guerra que por cierto comenzó con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, y sobre cuya sangre aún caliente se fundó la OEA. Así que a quién le va a sorprender que haya guerrilleros que pasan la frontera, si los hay por miles del lado colombiano. Venezuela no entrará en guerra por antojo de Uribe, y el gobierno colombiano tiene en un plan de paz la clave para el fin de ese atroz conflicto.

5. Crítica socialista: Si Uribe, o su sucesor, quiere acabar con la guerrilla, que le declare la guerra al hambre y a la miseria que carcomen a nuestra hermana Colombia, en vez de mancillar esa tierra bolivariana transformándola en base avanzada gringa en Suramérica.

6. Patada voladora: Aplicar con el Canciller saliente de Colombia, la técnica expedita que el Comandante Chávez debió haberle aplicado al Cardenal Velasco.

7. Curvita a la esquina de afuera: Llevarle a los países del continente, el expediente de todas las barbaridades que el gobierno de Álvaro Uribe ha dicho acerca de los supuestos vínculos de Chávez con la guerrilla, con las pruebas materiales de que se trata de inventos y calumnias típicas de la oligarquía cachaca.

8. Mal gusto: Llevar a Milos Alcalay y soltarlo en el plenario de la OEA, para que los países miembros entren en pánico, al ver la desgracia que se tendrían que calar si algún día la derecha llegara a gobernar en Venezuela de nuevo. (No volverán).

9. Epistolar: Mandarle una cartica a Santos antes de salir de Caracas para Washington, que lleve en anexo una fotocopia de todas las Autorizaciones de Liquidación de Divisas emitidas por CADIVI a empresas colombianas en 2007, y otra con las cuatro cosas que van este año. Además, una nota recordándole que las preferencias arancelarias de las cuales Colombia goza en Venezuela en el marco de la membresía común a la Comunidad Andina, vencen en enero de 2011, como producto del retiro venezolano de este esquema neoliberal en el año 2006.

10. (Petro)Caribe: Llevarnos al Presidente Manuel Zelaya en el avión, y decirles a todos que hasta tanto no lo sienten en la silla de Honduras no dejaremos que la reunión comience, para que uribistas y gringos se vayan de una vez por todas a lavar ese c…

viernes, 16 de julio de 2010

Comunicado del Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela en rechazo a las acusaciones del Gobierno de Álvaro Uribe en Colombia

República Bolivariana de Venezuela

Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores

Comunicado

El Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores de la República Bolivariana de Venezuela, rechaza esta nueva arremetida del Presidente saliente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, en su afán por llevar a término la labor de destrucción de las relaciones Colombo – Venezolanas que ha emprendido con enfermiza obsesión en los últimos años.

Tras ocho años de fracaso diplomático y de militarismo como única política regional, el Presidente Uribe deja un país en guerra, un gobierno aislado en el escenario latinoamericano y distanciado de sus vecinos. Esperamos que el nuevo gobierno acoja, con suma prioridad, la propuesta de un plan de paz para Colombia, que nos permita acompañar desde Suramérica una solución de fondo al conflicto armado que afecta a este hermano país.

El patético espectáculo mediático ofrecido el día jueves 15 de julio, constituye un intento desesperado por minar el terreno de una eventual normalización de las relaciones bilaterales, donde no ha faltado la intriga de la Embajada de los Estados Unidos en Bogotá, cuyo titular fue consultado por el Ministro de Defensa antes de ofrecer su rueda de prensa.

En cada ocasión que el gobierno de Colombia ha informado de la supuesta presencia de grupos irregulares colombianos en territorio venezolano, el gobierno de Venezuela ha efectuado las verificaciones necesarias y constatando sistemáticamente la falsedad de tales informaciones. En oportunidades, las coordenadas transmitidas han correspondido a lugares situados en el propio territorio colombiano.

No obstante, el Gobierno de Álvaro Uribe ha formulado irresponsable y reiteradamente, la acusación según la cual el Gobierno Bolivariano de Venezuela proporciona apoyo a las guerrillas colombianas. Valga recordar las denuncias de supuestas entregas de fusiles o lanzacohetes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana a la guerrilla colombiana, para constatar que Venezuela ha desmentido con pruebas concretas las especulaciones del gobierno de Uribe.

El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela reitera, como siempre lo ha manifestado junto a otros países vecinos, que en la posibilidad de existir alguna presencia de grupos irregulares en la extensa frontera con Colombia, actuará con el peso de la ley y la fuerza pública.

El camino de la mentira, de la agresión y del irrespeto contra Venezuela, siempre impedirá la regularización de las relaciones entre los gobiernos de nuestros dos países. De continuar esta situación, el Gobierno Bolivariano de Venezuela evaluaría tomar medidas políticas y diplomáticas muy firmes y contundentes.

El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, a nombre del Pueblo Venezolano, reitera su sentimiento de hermandad por el pueblo de Colombia, al tiempo que lamenta que sus máximas autoridades se presten una vez más a una campaña de mentira y división.

Caracas, 16 de julio de 2010